Jswildpoetry nació en una mesa con dos sillas, un cuaderno de tapas gastadas y la costumbre de leer en voz alta lo que todavía no estaba listo. No hubo un plan de negocio ni un manifiesto: hubo borradores que se pasaban de mano en mano, correcciones al margen y la sospecha de que escribir se aprende mejor cuando alguien más escucha. Con los años ese gesto se volvió taller, biblioteca y archivo. Hoy seguimos trabajando igual: leyendo, tachando, volviendo a empezar.
Jswildpoetry no empezó como plataforma. Empezó como un cuaderno de ejercicios que se prestaba entre tres personas y volvía con márgenes escritos por otras manos. Esa costumbre de leer en voz alta lo que aún no estaba terminado sigue definiendo cómo trabajamos hoy: escribir, mostrar, corregir, volver a escribir.
Durante los primeros años el taller funcionaba en una mesa larga, con lecturas comentadas y ejercicios de ritmo que se repartían en hojas sueltas. No había biblioteca ni cuaderno digital: cada participante llevaba su propio cuaderno y anotaba al margen las correcciones de los demás. De ahí salió la costumbre de revisar el texto en voz alta antes de darlo por cerrado, porque el oído detecta lo que la vista perdona.
Cuando el grupo creció, las hojas sueltas dejaron de alcanzar. Apareció entonces el cuaderno del autor: un espacio donde cada persona guarda borradores, versiones descartadas y notas de lectura. No es un diario íntimo ni una libreta de apuntes rápidos, sino un registro de decisiones. Ver la evolución de un poema entre la primera y la quinta versión enseña más sobre escritura que cualquier manual.
La biblioteca se armó por necesidad, no por coleccionismo. Faltaban textos que mostraran cómo se construye una escena narrativa o cómo se sostiene una imagen sin explicarla. Se fueron sumando ediciones comentadas y materiales de trabajo que hoy acompañan cada taller. Los círculos de lectura nacieron después, cuando quedó claro que leer en grupo cambia lo que uno ve en un texto: alguien señala una pausa que otros habían pasado por alto.
Con los años empezamos a guardar los proyectos que salían de los talleres: poemarios breves, relatos, cuadernos de edición. El archivo no funciona como vitrina, sino como memoria de trabajo. Permite ver qué decisiones se repiten, qué errores vuelven y qué voces se van afirmando. Es también la prueba de que la escritura se aprende escribiendo y corrigiendo, no acumulando teoría.
La plataforma actual reúne taller literario, biblioteca, cuaderno del autor, círculos de lectura y archivo de proyectos en un mismo lugar, pero el principio no cambió: se aprende leyendo, experimentando con estilos y revisando textos originales de forma progresiva. Rafael Romero Hernandez y Juliana Rivera Ruiz siguen coordinando las revisiones, y buena parte del material nace de los propios borradores del taller.
Jswildpoetry nació de una incomodidad concreta: la mayoría de los talleres literarios enseñan a adm irar los textos, pero no a sostener un borrador durante semanas hasta que encuentre su forma. Aquí partimos de la página en blanco y del error como material de trabajo.
El efecto que buscamos es simple: que cada persona salga con un método propio para seguir escribiendo cuando el taller termine, y con la confianza de saber qué hacer con un borrador que todavía no funciona.
No hay un equipo grande detrás de Jswildpoetry. Hay dos personas que leen, corrigen y discuten cada borrador que llega, y que llevan años trabajando con textos ajenos sin apuro. Esta página cuenta cómo se reparten ese trabajo y qué experiencia traen a la mesa.
Dirige los talleres de poesía y verso libre. Antes de fundar el proyecto trabajó más de una década dando lectura comentada a grupos pequeños, casi siempre con borradores fotocopiados y lápiz en mano. Le interesa el ritmo antes que la métrica: cómo respira un poema cuando se lee en voz alta, dónde conviene cortar y dónde el silencio hace mejor el trabajo que una palabra más. Suele pedir a los autores que lean su propio texto dos veces antes de recibir cualquier comentario.
Acompaña la escritura narrativa y la revisión progresiva de originales. Su trabajo empieza donde termina el primer borrador: escenas que no terminan de cerrar, personajes que evitan decir lo que importa, capítulos que se alargan por miedo al corte. Ha editado cuadernos de autores que recién empiezan y también manuscritos que llevaban años guardados en un cajón. Insiste en algo simple: una escena se sostiene cuando hay lugar, tiempo interno y algo que el personaje no quiere admitir.
Los círculos de lectura funcionan con textos breves y una regla fija: nadie comenta lo que no leyó completo. De ahí salen buena parte de los ejercicios que después se trabajan en el taller, y también las notas que se guardan en el archivo de proyectos. La biblioteca reúne material de consulta sobre imagen literaria, construcción de escenas y edición, pensado para volver sobre él varias veces a lo largo de un mismo cuaderno.
Cada autor mantiene un cuaderno digital donde conviven apuntes sueltos, versiones anteriores y comentarios de revisión. No se borra nada: los descartes también enseñan. El seguimiento es lento y por etapas, sin fechas impuestas, porque un texto que se fuerza suele notarse en la segunda lectura. Cuando un proyecto avanza lo suficiente, se incorpora al archivo y se retoma en una sesión de lectura conjunta.